miércoles, 9 de febrero de 2011

Brasil y Argentina, millones de Dólares en una relación despareja


08/02/11

PorAlcadio Oña


“Reiteraron, asimismo, el objetivo de lograr un mayor equilibrio en las relaciones económicas y comerciales bilaterales”. “Reafirmaron la necesidad de continuar trabajando conjuntamente, con vistas a generar un mayor equilibrio en la balanza comercial bilateral”.

El primero es un párrafo del documento firmado por Cristina Kirchner y Lula da Silva el 3 de agosto de 2010, en San Juan. El segundo, uno de la declaración conjunta de Cristina Kirchner y Dilma Rousseff de la semana pasada, en Buenos Aires. Como se habrá advertido, en los dos asoma nítida la cuestión del desequilibrio comercial .

No es para minimizar la reiterada disposición de Brasil en el sentido de achicar el enorme superávit que mantiene con la Argentina, tal cual quedó registrada en pronunciamientos anteriores. Pero está visto que con declaraciones y buena voluntad política no alcanza.

Al Gobierno le sobran motivos para preocuparse por el déficit con su socio del Mercosur. Tantos, como los US$ 23.155 millones que se llevan acumulados desde 2004 , ya en plena era K, según datos de la Secretaría de Comercio Exterior brasileña. Y sigue: el déficit de enero fue récord para ese mes, desde 2004.

A partir de entonces, Argentina acusó desequilibrio tras desequilibrio en la balanza bilateral. Y siempre con un sello común. En los años en que la economía local crece fuerte, el rojo vira a más intenso: por ejemplo, US$ 4.348 millones en 2008 y US$ 4.096 millones en 2010.

Esto pone al descubierto la dependencia que existe respecto de los bienes de origen brasileño. Un desbalance que tomó formas estructurales , a caballo del evidente diferencial de competitividad y escala de producción de las dos economías..

Todo queda reflejado en la composición del intercambio. El 90 % de los bienes que llegan desde el otro lado de la frontera son manufacturas industriales. Desde aquí también van manufacturas: muchos autos, por el reparto de ambos mercados que articularon las multinacionales. Pero además cereales, productos pesqueros, lácteos y alimentos.

Y todo se origina en las ventajas que Brasil le ha sacado a la Argentina en el valor de las producciones industriales, lo cual significa además trabajo agregado. Los datos que siguen provienen de un informe de la consultora abeceb, que así sean de 2007 no han variado sustancialmente.

Brasil es 10 veces más grande en equipos de radio, tevé y telefonía; en químicos y en motores, generadores y transformadores eléctricos. Entre 5 y 10 veces , en vehículos automotores; instrumentos de precisión y en motos y bicicletas. Y de 2 a 5 veces , en maquinaria de uso general; producción de hierro y acero; en plásticos y electrodomésticos. Son algunos ejemplos, pues dentro de esos rangos hay unos cuantos rubros más.

Es parte del escenario desigual que algunas grandes compañías brasileñas sean hoy jugadores en el mundo global: multinacionales, a menudo empujadas por políticas de Estado. Como las constructoras Camargo Correas y Odebrech, la siderúrgica Gerdau y dos gigantes de la aviación y el petróleo: Embraer y Petrobras.

Aun así, especialistas muy al tanto de la relación entre los dos países le dan la razón al Gobierno cuando reclama una mayor participación de los productos locales en las importaciones brasileñas: “ Tienen un mercado bastante más cerrado que el nuestro ”, dicen. Y opinan que si hubiese algo mayor a las expresiones de buena voluntad, allí podrían ingresar empresas constructoras, la industria farmacéutica, la minería o el software.

Próximas en el horizonte aparecen un par de oportunidades fuertes, pero implican trabajar rápido. Son el Campeonato Mundial de Fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016 en Río, un tema que abordaron Cristina y Dilma. El punto es que Brasil acostumbra privilegiar a sus propias firmas en las compras gubernamentales.

Pese a que hace tiempo están a la búsqueda de otros espacios, las empresas brasileñas siguen muy interesadas en la Argentina. Se explica, dado que éste es el principal destino en aviones, autos, autopartes y maquinaria agrícola.

Otra razón para que Rousseff cuide el vínculo pasa por proteger a las inversiones de cualquier medida que aquí pueda afectarlas: están en juego unos US$ 12.000 millones ingresados en los últimos diez años.

Durante el encuentro presidencial sobrevoló la eventualidad de una devaluación del real, que golpearía directo en las exportaciones argentinas y ensancharía el campo de las brasileñas. Según trascendidos, Dilma se comprometió a informar antes de tomar una medida semejante, aunque analistas de un lado y del otro le asignan pocas chances a un brusco ajuste cambiario.

La apreciación del real explica el achicamiento del superávit brasileño con el resto del mundo y el empeño que ponen en amortiguarla. Pero eso que podría beneficiar a la Argentina, ni mella le hace a la balanza bilateral : entre otras cosas, porque la inflación propia deteriora nuestro tipo de cambio efectivo.

Que el primer viaje de Dilma al exterior haya sido a Buenos Aires es toda una muestra de la importancia que le asigna al vínculo y de su interés por preservar al Mercosur , una plataforma estratégica para el despliegue internacional de Brasil.

Claro que eso solo no basta para mejorar las relaciones económicas y comerciales, subrayada en la declaración de la semana pasada. Parecido a lo alguna vez sugirió Lula: que ellos no pueden solucionar problemas que aquí no son atendidos ni resueltos.

Finalmente, la pelota vuelve al campo argentino. Y seguirá picando, mientras más demoren las políticas que permitirían pegar un salto cuantitativo y cualitativo: eso se llama transformaciones verdaderas en la estructura industrial .

Fuente: Clarín Política.

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