
El clamor por seguridad jurídica pierde la batalla. El grito se vacía de contenido. Queda hueco. No faltan argumentos. Son ya demasiados y se diluyen en una maraña. Dos (de los tres principales) armadores fluviales del país, que integran grupos internacionales, cuyas acciones son de oferta pública en recintos bursátiles de Estados Unidos, están anunciando que cerrarán sus oficinas locales si persiste, insistente, el tridente bloqueo sindical-complicidad oficial-ley ausente.
Tanta negociación, tanta integración regional, tantos documentos. La falsa creencia de los negociadores de que la eficiencia intelectual era directamente proporcional al volumen que sus escritos ocuparan los hizo desentenderse de que todo eso debía ser luego debatido, refrendado, rechazado, devuelto, modificado, reescrito, girado, y vuelto a debatir. Si quedaba instancia cronológica, debía ser internalizado, aplicado y, su cumplimiento, controlado. Las asimetrías hidroviarias también existen por un superávit de textos no internalizados a los marcos normativos. Tanto anaquel desbordado. Tantos terabytes de informes que engrosan currículum y egos de funcionarios y técnicos. Y parten en cuatro la vista de estudiantes con bibliografías eternas. ¿Se aplican? Silencio.
En la hidrovía navegan protocolos y reglamentos a la deriva. Se superponen acuerdos, jurisdicciones, jurisprudencia y doctrina. Se discuten prevalencias entre los tratados bilaterales de libre navegación y los nacidos en comités intergubernamentales de la Aladi, mientras en paralelo el Mercosur negocia un acuerdo de transporte interno (que no incluye a la hidrovía).
Las asimetrías benditas, en su máxima expresión. Un país castiga. Otro promueve. En el medio, la pregunta eterna, ¿con qué remolcadores y barcazas se transportará el mineral de hierro del Mutún boliviano y de Brasil, y la soja paraguaya? Con embarcaciones registrados en esos países. Pero ingresan por debajo del estándar argentino y navegan aguas argentinas, señalan demasiados. ¿Y la mano de obra argentina? Protesta. ¿Y el armador argentino? Se va del país. ¿Y el Gobierno? Nunca mejor la expresión: hace agua.
Fuente; Diario La Nación- Comercio Exterior
Facilitado por Daniel Galaverna- Enapro.
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