lunes, 18 de mayo de 2009

El granero del mundo se vacía y “cierra” sus puertas hasta nuevo aviso

La producción de alimentos insignia de la Argentina, como carne, trigo y leche, entró en una fase crítica. Además de la amenaza de perder exportaciones, la posibilidad de tener que comenzar a importarlos es un fantasma que crece día a día. Las oportunidades derrochadas y sus consecuencias económicas.
En momentos de bonanza económica -cuando el viento de cola parecía ser prácticamente una ventaja comparativa natural del "made in Argentina" y no una variable fortuita-, el país no paró de batir récord de exportaciones de la mano de los excelentes precios internacionales.
En este favorable contexto de los últimos años, el único alerta que hacían los especialistas era el de la excesiva "commoditización" del comercio exterior argentino. En otras palabras, la fuerte dependencia de los ingresos por ventas al mundo en las materias primas. Agotado el viento que empujaba desde la popa el destino de empresas y productores argentinos, las voces de alerta que se multiplican ahora, en cambio, encienden la luz de alarma por el fenómeno de "descommoditización" que envuelve al país.


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