miércoles, 22 de abril de 2009

La integración regional en el nuevo contexto global.


Una experiencia de medio siglo.
Por Felix Peña.

Las últimas cinco décadas pueden distinguirse por lo menos dos etapas en el desarrollo de la integración regional en América Latina. Todo indica que se estaría abriendo ahora una nueva etapa, con alcances y características aún no manifestados en todos sus alcances, señala Félix Peña en su último trabajo.
A ello se suman las profundas transformaciones económicas y políticas que se han operado – también con un alcance diferenciado – en la región y en cada uno de sus países. América del Sur, en particular, presenta un cuadro de mayor densidad en las conexiones entre sus sistemas productivos y, en particular, en el campo de la energía. Y muchos de sus países han experimentado muy notorias evoluciones en sus experiencias, tanto en el plano económico como en el político.
El papel relevante que ha ido adquiriendo el Brasil, no es un dato menor en la diferenciación entre lo que era esta región hasta la década de los 90 y lo que es en la actualidad. ¿Se está iniciando ahora una nueva etapa de la integración regional en América Latina? Hay elementos para una respuesta afirmativa.
Pero quizás el factor principal que impulsa hacia nuevas modalidades de integración en el espacio regional latinoamericano, así como en sus múltiples espacios sub-regionales, es la creciente insatisfacción que se observa en varios de los países con los resultados obtenidos con los procesos actualmente en desarrollo. Ello es notorio en el caso de la CAN, pero también lo es en el caso del Mercosur. Tal insatisfacción puede dar lugar al menos a dos escenarios. Ellos no pueden ser considerados como que sean convenientes, ni que estén a la altura de los desafíos que se enfrentan a escala global.
El primero es el de una cierta inercia integracionista. Implica continuar haciendo lo mismo que hasta ahora, es decir, no innovar demasiado. El riesgo es que el respectivo proceso de integración se torne irrelevante para determinados países. En tal caso, podría terminar predominando sólo una apariencia de algo de creciente obsolescencia y baja incidencia en las realidades.
El segundo escenario es el de una especie de síndrome fundacional. Esto es, echar por la borda lo hasta ahora acumulado – y tanto en el Mercosur como en la CAN, es mucho lo ya acumulado –, tanto en términos de estrategia regional compartida como de relaciones económicas preferenciales y, una vez más, intentar comenzar de nuevo. Hay sin embargo un tercer escenario imaginable. Probablemente sea el más conveniente y, en todo caso, es factible. Es el capitalizar las experiencias y los resultados acumulados, adaptando las estrategias, los objetivos y las metodologías de integración a las nuevas realidades de cada país, de la región y de sus sub-regiones, y del mundo.
Texto completo en http://www.felixpena.com.ar/

Fuente: Revista Digital Mercosur abc

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